Parecía extranjero, no solo por lo rubio, sino por la actitud. Estaba tirado en el pasto al sol. Había dejado su camiseta a un lado y dejaba ver su torso desnudo. Tenía lindos pectorales cubiertos de una suave capa de pelos tan blancos que eran casi invisibles. Estuvo largo rato lagarteando mientras leía un libro. Yo no dejaba de pensar en esa piel calentada por el sol y con olor a pasto húmedo.
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