Al Malevito lo conocí en una noche cultural. Había una multitud de gente, pero el Malevito brillaba con luz propia. Tiene largas extremidades y besos húmedos. El Malevito cuando baila, parece que flota, como si la música lo arrastrara. En la cama en cambio, parece un instrumento al cual el viento le arranca del fondo de su ser, sonidos sordos .
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